El personaje apareció en Facebook como exclusivamente histórico.
En minutos acumuló millas de como. Y millones de personas compartieron sus excepcionales condiciones convencidas de estar ante la hazaña del milenio: la captura de Nicolás Maduro.
La imagen del soldado cubano americano llamado “Alexis Cuco Mendieta” comenzó una circular con asombrosa naturalidad.
Hubo hasta quienes propusieron condecoraciones para esta especie de versión moderna de “Rambo”, por el éxito de la operación militar.
No tardaron en aparecer muchachas que juraban haber sido exnovias del soldado nacido en El Cotorro y criado en Hialeahaportando anécdotas sentimentales, fotos y recuerdos del héroe que, apenas días atrás, nadie conoció.
Pero resulta que la historia del “Cuco” no salió de alguna agencia ni medio tradicional, sino de un espacio acostumbrado a trabajar al sátira política, El Lumpen.
Lo que muchos tomaron por veracidad fue una construcción narrativa diseñada para probar los límites de la credulidad contemporánea. La prueba no pudo ser más efectiva.
La broma no se impuso mediante exageraciones burdas ni datos imposibles, sino replicando con precisión los códigos de la verdad. Sin hacer daño a terceros.
El resultado fue una obra colectiva involuntaria donde millones de personas agregaron capas al personaje, al héroe; al mito.
“Cuco Mendieta” pasó de la ficción a convertirse en un ser vivo dentro del imaginario digital. Hasta con perfil propio.
el arte de broma no es un subproducto de las redes ni un vicio reciente de la postverdad.
Mucho antes de que la mentira se convierta en industria política, el arte de broma ya había explorado su potencia subversiva.
Este arte no busca imponer un engaño, sino provocar una fisura. Imita los códigos de la verdad – documentos, noticias, archivos, biografías – para obligar al espectador a revisar su confianza en las fuentes y, sobre todo, sus propios deseos de creer.
Su fuerza reside en la verosimilitud. Cuanto más sólido parece el relato, más perturbador resulta descubrir que es una construcción. Una diferencia de las falso nuevoque pretenden sustituir una verdad por otra.
El no hacer de dominio público al coordinador de la exitosa estrategia político-militar llevada a cabo en Venezuela es la más aceptable de las posibilidades.
Al momento de redactar este texto, un soldado de carne y hueso, atuendo de poder completo, casco protector, gafas, equipo intacto, llamado “Cucho Mendieta”, reapareció en uno de los salones oficiales de La Casa Blanca.
Entre banderas, sonrisas medidas y la sensación general de que “nadie tenía muy claro cómo había llegado hasta allí”, el ministro Marco Rubio coronó la epopeya narrativa:
“No habla inglés, lo que habla es hialeahno, un idioma intermedio, muy emocional, con referencias a parques, cafeterías y situaciones que no siempre existen, pero se sienten reales”.



