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Las recientes palabras del presidente de la Cámara de Diputados, Alfredo Pacheco, sobre abrir una nueva “ola de discusiones” en torno a la modificación del Código Laboral, a partir de la legislatura que inició el 27 de febrero, han vuelto a colocar sobre la mesa un debate que, para muchos sectores del país, ya está más que agotado.
No se trata de un tema nuevo ni improvisado. La pieza ya fue conocida y ampliamente debatida en el Senado de la República. Ha pasado por consultas, vistas públicas, análisis técnicos y discusiones políticas. Hoy descansa en la Cámara de Diputados a la espera de su aprobación. Entonces, cabe preguntarse con honestidad: ¿qué más hay que discutir?
En ese contexto, resulta legítimo preguntarse si una nueva “ola de discusiones” aportaría realmente elementos sustanciales distintos a los ya conocidos. O si, más bien, corre el riesgo de convertirse en otra pausa prolongada en un país que necesita avanzar con paso firme en sus reformas estructurales.
El punto neurálgico sigue siendo el mismo de siempre: la cesantía. Y precisamente ahí está el nudo del problema. Mientras algunos sectores insisten en modificarla, amplios segmentos de la sociedad entienden que tocar este derecho adquirido sería un retroceso histórico para la clase trabajadora dominicana. La cesantía no es un privilegio; es una garantía mínima de protección ante la inestabilidad laboral.
Volver a abrir el debate como si estuviéramos en el punto cero no solo es innecesario, sino contraproducente. El país necesita señales claras de que sus instituciones pueden tomar decisiones y no quedarse atrapados en un ciclo eterno de consultas que nunca terminan en acciones concretas.
Los honorables diputados tienen hoy la oportunidad de demostrar liderazgo y compromiso con el desarrollo nacional. Aprobar el Código Laboral sin más demora, y sin modificar el tema de la cesantía, permitiría cerrar un capítulo que ya ha sido suficientemente discutido y pasar a enfoque en otros temas urgentes para el país: educación, salud, seguridad, empleo digno, transparencia y fortalecimiento institucional.
La República Dominicana no puede seguir postergando decisiones claves por miedo al costo político o por presiones sectoriales. Gobernar también es decidir.
Consideramos que ya es tiempo de actuar. Ya es tiempo de aprobar.
POR ORLANDO ARIAS REYNOSO
*El autor es periodista y locutor.



