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Las recientes juramentaciones de dirigentes en la Fuerza del Pueblo reflejan una estrategia clara: ampliar la base de sustentación territorial y fortalecer las estructuras locales. Cada nuevo miembro representa no solo un voto potencial, sino una pieza en la maquinaria política que se proyecta hacia el 2028. Sin embargo, el verdadero desafío no está en la cantidad de juramentados, sino en la capacidad de integrarlos en un proyecto común que trascienda los actos solemnes y se convierta en acción política organizada.
La historia política dominicana demuestra que los partidos que se fragmentan, que privilegiados intereses personales sobre el colectivo, terminan debilitados. Ningún liderazgo, por carismático que sea, puede ganar solo. La victoria electoral requiere cohesión, disciplina y la convicción de que cada dirigente, desde el nivel nacional hasta la base comunitaria, es indispensable. La política es un proyecto colectivo, y cuando se convierte en escenario de egos individuales, pierde fuerza y credibilidad.
Los dirigentes deben entender que para ganar son necesarios todos:
– El exsenador que aporta estructura y experiencia.
– El regidor que moviliza comunidades y conecta con las necesidades locales.
– El presidente de dirección media que organiza la base y articula estrategias.
– El presidente de dirección de base que hace presencia en el barrio y mantiene el contacto directo con la gente.
– El militante que defiende el partido en la calle, en las redes y en los espacios cotidianos de debate ciudadano.
Cada uno cumple un rol distinto, pero todos son imprescindibles. La política no se gana con discursos aislados ni con figuras individuales, sino con la suma de esfuerzos colectivos que se traduzcan en confianza ciudadana y en propuestas concretas de transformación.
La Fuerza del Pueblo se coloca en una posición de privilegio rumbo a las elecciones de 2028. Pero ese privilegio solo será real si se convierte en unidad efectiva. Las juramentaciones deben ser más que actos solemnes: deben ser compromisos de integración, de trabajo conjunto y de coherencia institucional. La ciudadanía observa con atención, y sabe distinguir entre un partido que suma nombres y otro que construye proyectos.
Para ganar no basta con juramentar dirigentes, ni con sumar nombres a una lista. La victoria exige que todos entiendan que son necesarios: desde el líder nacional hasta el militante de base. La política es un proyecto colectivo, y solo la unidad puede transformar la fuerza en poder.
Por José Alberto Blanco



