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Desde la Casa Blanca, el presidente de los Estados Unidos (EE. UU.), el republicano Donald Trump, dejará un legado extraordinario, tan así que América Latina le estará agradecida para toda la vida. El gesto lo convertiría en uno de los más grandes estadistas en la historia de ese gran país, y posiblemente en el más fiel aliado de Occidente y nuestra región después de la Segunda Guerra Mundial.
El presidente Trump trabaja activamente para liberar al mundo de las dictaduras de izquierdas, de esas maquinarias terribles, abusadoras y terroristas que han sepultado la paz, la esperanza y el desarrollo de millones de personas que hoy mueren en cárceles por el solo hecho de no comulgar con el sistema de una izquierda que lo único que ha logrado, donde quiera que haya gobernado, ha sido acabar con lo que encontró. Ejemplos: Cuba, Venezuela e Irán.
El comunismo oportuno, depredador de los recursos ajenos, desde que se instaló en Cuba en 1959, para entonces considerado hasta ese momento como «La Perla de las Antillas», no ha parado de retroceder y, medio siglo después, la han convertido en lo que es hoy: un cementerio de gentes vivas donde hasta creer en Dios fue prohibido por los hermanos Castro y su absurda ideología de izquierda. Pero esos dos individuos no solo destruyeron la isla, sino que también extendieron sus venenosos tentáculos a la trabajadora y próspera Venezuela, donde otro fanático de izquierda comenzó a regalar los recursos de la que una vez fuera la más rica de América. Hoy, 25 años después, solo quedan los recuerdos de lo que fue una vez ese gran país.
Cuba ya fue saqueada ya Venezuela la están saqueando todavía por esa misma izquierda mafiosa, opresiva, corrupta y aislada del mundo democrático. Hoy, con sus máquinas de producción oxidadas, exploran nuevas vías con la esperanza de solucionar sus interminables crisis económicas; sin embargo, su desprecio por la democracia y las libertades es tan grande que, en vez de liberar a sus pueblos, decidió entregarse a los brazos de otros dictadores tan crueles como ellos, un cambio de asesoría terrorista, permitiendo que grupos como Hezbolá, Hamás y los hutíes instalen sus células criminales en nuestra región, poniendo en peligro no solo la estabilidad política, sino también los más sacrosantos principios de nuestra tradición cristiana.
Es muy importante señalar que, frente al descalabro de la sociedad cubana por las diabluras de la dictadura de los Castro, el pueblo cubano ha tocado fondo y, sin la miserable ayuda de la Rusia de Putin, que hoy apenas subsiste, no tuvo más opciones que ir a caer en los brazos del régimen islamista, represivo, de los ayatolás de Irán, a quienes los Castro les ofrecieron llevarle en bandeja de plata a otro fanático populista de esa ideología inútil y quien más tarde se iba. a convertirse en el gran destructor de Venezuela, como sucedió con Hugo Chávez y su banda de criminales.
Los Castro acabaron con Cuba y ahora también tenían que hacer lo mismo con Venezuela, y sin tiempo que perder secuestraron al izquierdista y fanático Hugo Chávez, a quien usaron como un bruto monigote para imponer su fracasada ideología. Las fatales consecuencias no se hicieron esperar, ya que en menos de dos décadas Venezuela también estaba triturada como rocas del desierto, lo que obligó a más de ocho millones de personas a salir huyendo de la nueva dictadura, ya que quedarse era padecer persecución o morir en la terrible cárcel del Helicoide. Mientras, los cubanos, forzados por las circunstancias de las aguas, no han tenido más opciones que padecer en una isla que languidece, sentados en un parque inhalando aire y exhalando frustraciones, o en una cárcel con la boca sellada. Hace unos días me dijo un cubano: conocí la libertad cuando llegué a tu país.
Mientras esa izquierda cínica e hipócrita destruye a los pueblos de Venezuela y Cuba, el populismo latinoamericano y los demócratas estadounidenses miraban para otro lado, pues no les importaban los momentos difíciles por los que pasaban uno y otro. Se puede afirmar que ambos países viven en un infierno en la tierra, pero no solo por la brutal represión, sino también porque la aguda escasez de alimentos, medicinas, así como de los más elementales servicios públicos. Sin embargo, a pesar de esa terrible situación, los presidentes demócratas Bill Clinton, Barack Obama y Joe Biden no solamente les dieron la espalda a Cuba y Venezuela, sino que además se confabularon con los dictadores, hasta que llegó Donald Trump, quien ha decidido ponerle fin a esos dos regímenes odiosos y, de paso, cortarles la fuente que les financia el terrorismo, como lo hace Irán.
El comunismo destruyó a Venezuela en 25 años ya Cuba la han obligado a vivir de rodillas por más de medio siglo, en la miseria, la opresión y el exilio forzoso, todo gracias a esa izquierda fracasada que le ha hecho más daños a ambos pueblos que todos los ciclones y terremotos que han pasado por su tierra. A Cuba la mataron los Castro y Venezuela está muriendo por culpa de los Castro, quienes se aprovecharon de otro fanático de izquierda como Hugo Chávez, a quien usaron como delivery hasta que murió. Pero no tiempo perdido: ahora era más fácil alcanzar la destrucción, ya que subía otro más fanático y más bruto como Nicolás Maduro. Es muy importante señalar que Chávez murió en Cuba y en Venezuela murieron los cubanos que fueron a cuidar a Maduro.
Con la caída de Irán, Cuba y Venezuela, el mundo será más seguro, más libre y más próspero. Los cubanos volverán a ser otra vez esa población alegre, con ese espíritu emprendedor que tienen, como lo han demostrado dondequiera que llegan, y de Venezuela no tengo dudas de que muy pronto iniciarán a trino ar el camino de la prosperidad una vez terminen de sacar a los que acabaron con sus riquezas.
Irán, dirigido por una teocracia islamista brutal y represiva, volverá a convertirse en la gran capital del Golfo Pérsico, de Oriente Medio y del mundo, donde por primera vez 45 millones de mujeres que en más de 47 años han sido consideradas como objetos sin valor regresarán a la vida con toda su belleza y esplendor, y la juventud podrá gritar libertad, libertad liberal, y para eso trabaja el presidente Donald Trump.
Liberar a Cuba, Venezuela e Irán de las dictaduras será el más hermoso legado del presidente Donald Trump. Que Dios le ayude y América Latina lo agradezca.
Por Jesús María Hernández.
jmh- jmhnotarioo@cmail.com



