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En la política dominicana, hay figuras que se destacan por la estridencia de su discurso y otras que, sin renunciar a la firmeza, construyen poder real desde la organización, la coherencia y el trabajo constante. Radhamés Jiménez pertenece, sin lugar a dudas, a esta segunda categoría: la de los estrategas que entienden que las victorias electorales no se improvisan, se edifican.
Abogado de sólida formación, exprocurador general de la República y actual vicepresidente y coordinador político de la Fuerza del Pueblo, Jiménez ha asumido con responsabilidad histórica una tarea que hoy resulta determinante: convertir el descontento social en estructura política organizada.
La política del territorio: juramentar, escuchar y consolidar
Los recientes actos de juramentación en el municipio de Esperanza, donde decenas de dirigentes del Partido Revolucionario Moderno (PRM) decidieron abandonar sus filas para integrarse a la Fuerza del Pueblo, no son hechos aislados. Son señales claras de un fenómeno político en expansión.
Bajo el liderazgo operativo de Jiménez, estas integraciones no solo representan números, sino capital político cualitativo: dirigentes con arraigo comunitario, con estructuras propias y con capacidad de movilización. La adhesión de figuras como Milagros Guzmán y Oscar Rodríguez evidencia que el discurso opositor está encontrando eco en sectores que, hasta hace poco, respaldaban al oficialismo.
Aquí radica uno de los grandes méritos de Radhamés Jiménez: su capacidad de articular un mensaje que conecta con la frustración social, pero que al mismo tiempo ofrece dirección política. No se limita a denunciar; organiza, canaliza y proyecta.
El discurso como herramienta de conciencia social.
Cuando Jiménez afirma que “casi cinco millones de dominicanos solo comen una vez al día” o que “este país se está cayendo a pedazos”, no recurre a la exageración retórica. Su discurso se apoya en estudios como los de Kantar World Panel, que reflejan una realidad preocupante: precariedad alimentaria, endeudamiento para subsistir y niveles alarmantes de desnutrición infantil.
Su crítica al discurso oficial, al que compara con la narrativa de países nórdicos como Finlandia o Noruega, no es un simple recurso político, sino un cuestionamiento profundo a la desconexión entre el poder y la realidad cotidiana del ciudadano dominicano.
En este sentido, Jiménez cumple un rol clave: el de traductor político de la crisis social. Hace visible lo que muchos sienten, pero no siempre logran articularse.
Sincronía estratégica con el liderazgo de Leonel Fernández
El trabajo de Leonel Fernández, presidente de la Fuerza del Pueblo, se ve fortalecido por esta dinámica operativa. Mientras Jiménez recorre el territorio, juramenta dirigentes y consolida estructuras, Fernández puede concentrarse en tareas de alto nivel: relaciones internacionales, construcción de propuestas de Estado y posicionamiento estratégico de cara al 2028.
Esta división del trabajo no es casual. Es el reflejo de una maquinaria política que opera con sincronización. Jiménez actúa como el gran organizador interno, el arquitecto del crecimiento partidario, mientras Fernández encarna la visión de país y el liderazgo presidencial.
En términos políticos, esto representa una ventaja competitiva significativa. No todos los partidos cuentan con una dupla donde estrategia y ejecución marchan en perfecta armonía.
Un liderazgo forjado en la experiencia y la credibilidad.
Radhamés Jiménez no es un improvisado. Su paso por la Procuraduría General de la República le otorgó visibilidad institucional, pero también le exigió carácter, criterio y firmeza. Es un hombre curtido en múltiples batallas políticas, lo que le permite navegar escenarios complejos con inteligencia y prudencia.
A esto se suma un elemento fundamental: su calidad humana. En un entorno donde la política suele percibirse como distante o interesada, Jiménez proyecta cercanía, respeto y compromiso. Esa combinación, experiencia, discurso sólido y humanidad, explica el nivel de aceptación que posee dentro y fuera de su organización.
El 2028: una construcción que ya está en marcha
Las elecciones presidenciales no se ganan el día de la votación. Se ganaron años antes, en el trabajo silencioso, en la organización territorial, en la construcción de confianza. Y es precisamente ahí donde Radhamés Jiménez está dejando su huella.
Cada dirigente juramentado, cada estructura fortalecida, cada comunidad escuchada, representa un ladrillo en la edificación de un proyecto político que apunta claramente al 2028.
Decir que Leonel Fernández cuenta con un “titán” en la figura de Radhamés Jiménez no es una metáfora exagerada. Es una descripción precisa de una realidad política: la de un liderazgo complementario que combina visión y ejecución, discurso y acción, estrategia y territorio.
En tiempos donde la política dominicana exige respuestas concretas y liderazgo auténtico, la figura de Radhamés Jiménez emerge como uno de los pilares fundamentales sobre los cuales se construye la alternativa de poder.
Y si algo queda claro al observar su trabajo, es que el 2028 no es una aspiración lejana. Es un objetivo en plena construcción.
Por Jaime Bruno


