Santo Domingo.- La capacidad de soñar incluso cuando aparece el miedo y de avanzar aun cuando el camino no está del todo claro definen a muchos jóvenes dominicanos. Angélica Farías es una de ellos, una joven que decidió creer en sí misma, Transforma su pasión en propósito y convierte el arte en una herramienta de impacto social y formación humana.
La historia de Angélica con la danza comenzó cuando apenas tenía tres años. No fue una decisión racional ni un plan estructurado, fue una intuición temprana, casi natural.
“Desde muy pequeña supe que quería ser bailarina”, recuerda con una sonrisa que mezcla nostalgia y orgullo. A esa edad, cuando muchos niños apenas exploraban el mundo, ella ya se encontraba en el movimiento una forma de expresión.
Angélica durante una sección con las niñas. alberto calvo
Sus padres no frenaron ese impulso. Al contrario, lo acompañaron. “Siempre me apoyaron”, afirma, reconociendo que ese respaldo fue clave para que el sueño no se quedara en juego infantil.
La enseñanza como propósito de vida.
hoy sus 27 años, Angélica se desempeña como maestra de danza y directora de la academia Mundo Creativoun espacio donde el ballet y otras disciplinas artísticas trascienden el escenario para convertirse en valores, disciplina y educación.
Forma a decenas de niñas que hoy la ven como ejemplo de que los sueños sí pueden hacerse realidad.
De jugar a ser maestra, a serlo de verdad
La danza no fue su único interés temprano. Desde niña, Angélica con sus mañecas jugaba a enseñar, en ocasiones las clases de una escuela y tras a ser bailarina.
“Cuando era pequeña jugaba a ser maestra”, cuenta al Periódico El Día, como si ese punto explicara todo lo que vino años después.
La educación siempre estuvo presente en su vida, y con el tiempo entendió que su vocación no se limitaba a bailar, sino a formar. Enseñar, guiar y acompañar se convirtió en una extensión natural de su pasión.
Bellas Artes y la construcción del camino.
Tras años de preparación, Angélica ingresó y se graduó de Bellas Artesun paso determinante en su formación como bailarina profesional. Sin embargo, lejos de pensar que ese sería el final del camino, lo vio como el inicio de algo más grande.
“Yo siempre pensé en tener mi propia academia.", confiesa. Pero antes de lanzarse, decidió preparar más. Dio clases en distintas academias, trabajó en colegios, ganó experiencia y aprendió desde dentro cómo funcionaba el mundo de la enseñanza artística.
Ese proceso no fue improvisado. Fue consciente, paciente y estratégico.
Decidir y vencer el miedo
El mayor obstáculo no fue técnico ni económico. Fue emocional.
“Siempre quise hacerlo, pero tenía mucho miedo.”, admite. El miedo a fracasar, a no poder sostener el proyecto, a asumir la responsabilidad de dirigir un espacio propio estuvo presente durante años.
Sin embargo, llegó un punto en el que entendió que no intentarlo sería más doloroso que equivocarse.
“Cuando decidí cerrar la etapa de trabajar en otras academias, dije: ’Creo que ya es momento de intentarlo'”.
Así nació Mundo Creativouna academia que hoy es hogar, escuela y segundo hogar para muchas niñas.
“Son como mis hijas”
Mientras habla, detrás de ella varias niñas esperan su turno para la clase. Algunas ríen, otras observan con atención. Todas la miran con confianza.
“Para mí son como mis hijas”, dice Angélica, sin dudar.
El proceso con cada una es distinta. Algunas aprenden rápido, otras requieren más paciencia. Pero ella no ve diferencias como obstáculos, sino como oportunidades.
“Todas tienen su magia.”, asegura.
Más que pasos de ballet, Angélica enseña disciplina, constancia y valores. Enseña a creer.
El orgullo de la niña que fue
Cuando se le pregunta quién se siente más orgulloso de ella, su respuesta sorprende por su honestidad.
“Creo que yo misma de pequeña”, dice.
Esa niña que soñaba, que se preparó, pero que también dudó, hoy puede verse reflejada en una mujer que logró materializar lo que parecía lejano.
“No pensé hacerlo. Siempre quise, pero tenía miedo.”, repite, como recordándose que el miedo no desaparece, se enfrenta.
La educación es la base que sostiene el sueño.
Angélica no solo se forma en danza. También es licenciada en Mercadeouna decisión que resultó clave para estructurar y sostener su academia.
“La educación es muy importante, porque sin ella no lo hubiera podido lograr.”, afirma.
Entender la gestión, la planificación y la organización fue tan importante como dominar la técnica artística. Su historia demuestra que el talento necesita estructura para perdurar.
Retos en un país que no siempre apoya el arte
El camino no ha sido fácil. Angélica reconoce que el mundo del arte en República Dominicana enfrenta grandes desafíos.
“Hay mucha competencia y en el país casi no se apoya el arte.”, señala.
Aun así, su pasión ha sido más fuerte que las limitaciones. La falta de apoyo institucional no apagó su vocación; la obligó a ser más constante, creativa y resiliente.
Lo que el ballet le enseñó para la vida
Más allá del escenario, el ballet le dejó lecciones profundas.
“Me ha dado disciplina, valores y constancia", reanudar.
Esa disciplina es la que hoy se aplica en cada clase, en cada planificación y en cada decisión como director.
Al hablarles a otros jóvenes que, como ella, tienen un sueño pero no saben cómo empezar, Angélica es clara y directa.
“Planificarlo, creer en él y hacerlo. Como sea, pero hazlo”.
Recuerda que los caminos fáciles. Promete autenticidad, trabajo y fe en uno mismo.
La historia de Angélica Farías es una muestra viva de que la juventud dominicana no solo sueña, construir. Que el miedo puede convivir con el coraje. Que el arte también transforma vidas.



