Resulta que la vieja consigna “América para los americanos” sigue cargando el mismo sofisma: que el continente y su gentilicio pertenece a un solo poder, el de EE.UU. Bajo ese prisma, no solo se pretende la hegemonía territorial, sino también la apropiación de sus riquezas y pueblos.
Esa visión se extiende, desde el Ártico hasta el Cabo de Hornos, con una “lógica” geopolítica que reduce la diversidad del continente a un espacio de influencia casi exclusiva. Hoy es un mapa de intereses estratégicos.
El fundamento histórico de esta conducta descansa en la Doctrina Monroe, formulada en 1823 por James Monroe. Su espíritu sigue vivo como justificación. de intervenciones, presiones y cercos económicos.
En el presente, esa “lógica” se manifiesta en la creciente presión energética sobre Cubadonde el endurecimiento de sanciones y el bloqueo de suministros petroleros agravan una ya delicada crisis económica y social. La tensión aumenta con la presencia de actores externos.
La reciente cooperación militar entre Cuba y Rusia revive viejos reflejos en Washington, donde cualquier movimiento es observado como una amenaza hemisférica.
El asesor de seguridad de EE.UU., Marco Rubio, ha expresado que “Cuba es un desastre”mientras el imperio que representa soporta el bloqueo económico, comercial y financiero, contra la isla.
Mientras tanto, el Comando Sur de EE.UU.. intensifica su despliegue regional, en una clara señal de que los recursos naturales latinoamericanos siguen siendo considerados activos bajo tutela indirecta.
Todo esto ocurre en un contexto internacional, marcado por el conflicto en Medio Oriente y las disputas energéticas globales. Así, Cuba vuelve a situarse en el tablero de las grandes potenciasbajo nuevas formas de presión.


