Siempre tendremos razones para poder hacer las cosas que creemos necesarias, como igual podríamos tratar de justificarnos para alegar que no se pueden lograr.
Son dos caminos y cada uno puede adoptar el que prefiere. Una vez lo haga recibir las consecuencias de su decisión.
El que se atreva podrá ver los efectos y resultados de su iniciativa. Y, por el contrario, el que se amilane no tendrá más que conformarse con el hecho de haber hecho nada.
Puede decirse que es un dilema para resolver que, por demás, nos presenta cotidianamente. Es algo aplicable tanto en el orden individual como en las instituciones, bien públicos como privados.
Es lo mismo en paz o en incertidumbres, el tiempo no se recupera.



