En 2018, un científico subió a un escenario en Hong Kong para anunciar que había cruzado el Rubicón: el nacimiento de los primeros bebés modificados genéticamente de la historia. Hoy, tras cumplir tres años de prisión, He Jiankui ha vuelto. Pero no busca el perdón. Con una financiación de 50 millones de yuanes (unos 7 millones de euros) y una estética cada vez más mesiánica, el hombre apodado como el "Frankenstein chino" planea reescribir de nuevo el código de la vida. Esta vez, con una promesa aún mayor: erradicar el Alzheimer.
"¡Ya sé lo que se siente ser Dios!". gritó el profesor Frankenstein —interpretado por Colin Clive— en la película frankenstein (1931), fijando para siempre el mito del científico que cruza todos los límites. Tras su lanzamiento en 2022, He Jiankui parece haber asumido ese papel sin ironía. En una entrevista reciente con CABLEADOya no se presenta como un investigador imprudente que aprendió la lección, sino como un "pionero de la edición genética", un término que exigió como condición para ser entrevistado. En redes sociales, se define como el "Darwin chino" o el "Oppenheimer de China", y suele publicar fotos con una bata impecable, posando solo en un laboratorio.
Aislado de la academia internacional, asegura a CABLEADO que los inversores "acuden a él cada semana". Ha establecido un laboratorio independiente en el sur de Pekín y, aunque la ley china prohíbe expresamente la edición genética de embriones con fines reproductivos, asegura moverse dentro de una zona gris: investigación "filantrópica", financiada por empresarios privados y pacientes desesperados.
¿Qué pasó con los bebés? El experimento original de 2018 buscaba hacer a los bebés inmunes al VIH mediante la modificación del gen. CCR5. El resultado, según explican genetistas y bioeticistas, fue un fracaso técnico y ético. El investigador Lluís Montoliu detalló en La conversación que las niñas nacidas de ese experimento son "mosaicos genéticos": no todas sus células fueron editadas de la misma forma, y además se detectan mutaciones no deseadas —fuera del objetivo— en otras regiones de su genoma.
Pese a ello, He Jiankui mantiene una postura desafiante. Según declarado al Diario de Wall Streetlas tres niñas —incluida una tercera nacida en 2019— están sanas y asisten hoy a la escuela primaria. "No tengo que disculparme con nadie", afirmó. Sin embargo, los expertos advierten que esa afirmación descansa sobre una enorme laguna de información ya que se desconoce el impacto real de las alteraciones genéticas en su sistema inmunológico, los efectos a largo plazo y las consecuencias psicológicas de crecer sabiendo —o descubriendo algún día— que fueron el primer experimento genético de la humanidad.
La nueva frontera: el Alzheimer. El nuevo objetivo de He Jiankui es el Alzheimer, una enfermedad con un componente personal: su madre ya no lo reconoce debido a esta patología. Según explicó a CABLEADOsu plan consiste en introducir en embriones humanos una mutación genética —APLICACIÓN-A673T— descubierto en la población isleña, que parece conferir una protección natural frente al deterioro cognitivo.
El consenso científico es demoledor. Kari Stefansson, el genetista islandés que participó en la identificación de esa mutación, advirtió en el Diario de Wall Street de que el enfoque de He es de "riesgo altísimo". Manipular el genoma de un embrión implica que cualquier error, por pequeño que sea, no solo afectará a un individuo, sino que se transmitirá a todas las generaciones futuras. No existe marcha atrás.
Aún así, lejos de moderar su ambición, He ya proyecta el siguiente paso. Confesó en la entrevista que su objetivo final es realizar hasta 12 modificaciones genéticas simultáneas en un solo embrión para prevenir cáncer, VIH y enfermedades cardiovasculares. "Los niños que nazcan serán mucho más sanos y quizás vivan más que nosotros", asegura. Para muchos científicos, esa frase resume el problema: una promesa totalizante basada en una tecnología aún inmadura.
Ciencia sin fronteras. ¿Cómo piensa ejecutar este plan un científico inhabilitado por su propio país? La respuesta es una estructura transnacional que algunos expertos describen como "ciencia guerrilla". En China, limita su trabajo a líneas celulares humanas y experimentos con ratones y monos. En Estados Unidos, según reveló el Poste matutino del sur de Chinaplanea operar —a través de su esposa, la empresaria Cathy Tie— un laboratorio en Austin (Texas), donde la financiación privada permite investigar con embriones descartados de fecundación in vitro. El destino final sería Sudáfrica, un país que en 2024 flexibilizó sus directrices éticas y que, según Él, estaría muy interesado en autorizar ensayos en humanos.
La financiación de esta red es tan ambiciosa como opaca. Mientras el Diario de Wall Street señala que He se niega a revelar la identidad de sus patrocinadores, el SCMP informa de que incluso se han explorado vías alternativas como criptomonedas promocionadas por su entorno para recaudar fondos.
El espejo incómodo de Silicon Valley. La parte más polémica del discurso de He Jiankui es su ataque frontal a la élite tecnológica estadounidense. "Algunos multimillonarios de Silicon Valley están impulsando la mejora del coeficiente intelectual en bebés. Creo que es un experimento eugenésico nazi", afirmó en CABLEADO.
Sin embargo, la frontera entre lo que hace He y lo que ya sucede en California es cada vez más difusa. Startups como Nucleus Genomics u Orchid Health no editan el ADN, pero sí permiten seleccionar embriones en función de evaluación genética asociada a inteligencia, obesidad o riesgo de Alzheimer. La diferencia técnica es real; la lógica subyacente —optimizar al ser humano antes de nacer— es inquietantemente similar.
Mientras magnates como Jeff Bezos o Peter Thiel invierten millas de millones en biotecnológicas que prometen ralentizar o revertir el envejecimiento, el cuerpo humano se ha convertido en un activo financiero más. Sostiene que él edita para prevenir enfermedades, mientras Silicon Valley selecciona para optimizar. Para la ética global, ambos modelos plantean la misma pregunta fundamental: ¿quién decide qué significa "mejor"?.
Ciencia frente al mito. Hay un punto esencial que a menudo se pierde entre promesas y cifras: el ADN no es un destino. Las predicciones genéticas sobre inteligencia o éxito explican apenas entre un 5% y un 10% de la variabilidad real entre personas. Además, existe un riesgo técnico crítico: analizar unas pocas células de un embrión requiere amplificar su ADN, un proceso que puede introducir errores y llevar a decisiones basadas en datos defectuosos.
Detrás de la carrera por la modificación genética hay también una raíz emocional. Por ejemplo, en el miedo a envejecer. Larry Ellison, fundador de Oracle, una vez confesó: "La muerte nunca ha tenido sentido para mí". En ese contexto, lo que ocurre con He Jiankui no es una anomalía aislada, sino la expresión más extrema de una tendencia global en la que el genoma se ha convertido en un nuevo campo de batalla científica, económica e ideológica.
El dilema. Hoy, He Jiankui camina por los campos de golf de las afueras de Pekín mientras espera que le devuelvan su pasaporte, convencido de que es el único que se atreve a hacer lo que otros solo discuten en cenas privadas y conferencias de lujo. Pero hay una ausencia que atraviesa todo el debate: la de los futuros niños. Ellos no consienten, no votan, no invierten. Son quienes cargarán con los riesgos de decisiones irreversibles tomadas antes de nacer.
¿Es He Jiankui un visionario dispuesto a bibliotecar a la humanidad del Alzheimer o un científico cuya ambición ha desbordado cualquier límite ético? Mientras se prepara para producir "cientos de bebés modificados", la sociedad se enfrenta a una pregunta incómoda y urgente: si podemos moldear a la próxima generación como si fuera una hoja de cálculo, ¿qué significará entonces ser humano? Por ahora, el "Darwin chino" sigue adelante, impulsado por 50 millones de yuanes y la convicción inquebrantable de que, en la carrera por la inmortalidad, la ética es solo un obstáculo que puede revocarse.
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