Jeury Alexander Reyes Balbuena es un joven de 18 años que reside en el populoso sector de Capotillo, capital dominicana. Con apenas 11 años estaba “improvisando en la esquina con los muchachos” y hoy en día crea su propia música: dembow, uno de los géneros más escuchados en su barrio.
Jeo380, su nombre artístico, aprendió viendo videos en YouTube hasta producir y componer sus propios temas en estudios caseros e improvisados que hay en los alrededores de donde vive.
“No tenemos todo, pero como tenemos el talento, nosotros producimos con más calidad y menos aparatos”, dice el joven con mucha seguridad sobre sus habilidades en la música, las cuales describen como dones dados por Dios.
Jeo380 cuenta su historia desde Don King Barbershop.
De esos estudios hay al menos diez en su barrio y, cuando aún estaba cursando la secundaria, iba a alguno de ellos después de regresar de su escuela, un politécnico en artes. Además de aprender sobre su pasión, Jeury cuenta que también aprovechaba los dos recreos que le daban en tanda extendida para componer e improvisar juntos a sus compañeros de clases.
Hoy en día utiliza aplicaciones de pago para editar sus audios y distribuirlos en plataformas, entre ellas DistroKid. Esa aplicación es una de las que también usa Estiven Manuel Hernández, mejor conocido como Estiven Produce.
De 22 años, este joven residente en Herrera comenzó a tocar la música hace ocho años con FL Studio, anteriormente llamado FruityLoops. Inició creando bases que empezaron a destacar ya gustarle a mucha gente. Más adelante, influenciado por parientes, asumió el papel de productor musical.
Estiven Hernández produciendo desde su casa.
Entre tutoriales, videos de expertos en redes sociales y consejos de cercanos que ya se dedicaban a ello, adquirió la experiencia que hoy con su poca edad exhibe: ya ha logrado más de 80 discotecas, colaboraciones con artistas reconocidos dentro del género y se autosostiene.
Con unos buenos auriculares, una tarjeta de sonido, un teclado midi y un micrófono, ha montado su propio estudio en casa. Para adquirir estas herramientas trabajó arduamente en el taller de mecánica y pintura automotriz de su padre.
“Yo aprendí dejándome guiar del oído y un poco de conocimiento que tenía de piano”
Estiven HernandezJoven productor de dembow
Ambas historias no son excepciones, sino testimonios comunes en los barrios dominicanos que, según Pasquale Sorrentino, fundador de La Natural Radio, una plataforma de promoción artística y cultural, necesitan apoyo estatal.
“Debe ser una inversión que hasta el mismo Estado debería enfocarse: educar a nivel de producción musical a todos esos menores que están saliendo en los barrios, que aprenden ellos solos”, dice sobre adolescentes entre 14 y 19 años que, como Estiven y Jeury, son quienes tienen el “saoco” que caracteriza al dembow.
Sorrentino agrega que los jóvenes están dedicando mucho tiempo a la producción en los barrios. No es para menos, el sociólogo Juan L. Brito explica que muchos de los que viven en esos sectores populosos y “no ven futuro, no ven esperanza en los medios tradicionales de movilidad social, dígase trabajo asalariado y educación, ven la posibilidad de en este medio poder alcanzar sus sueños”.
Asimismo, Brito expresa que, además de vehículo de movilidad social y símbolo de identidad, “el dembow es el principal producto cultural exportable que nosotros tenemos”.
Hay talento, falta apoyo.
Igual que Sorrentino, Jeury Reyes, con quien empezó esta historia, cree que el Estado debería dedicar esfuerzos a la formación de estos jóvenes para así, incluso, acabar con la delincuencia.
“El gobierno debería dar más; hay delincuencia porque faltan muchas cosas en los barrios, es por la necesidad”, manifiesta Jeury. “Yo lo que quiero es como que la delincuencia se acabe en mi barrio”.
Más allá de apoyar a los dembowseros y productores musicales que vienen naciendo, el periodista y culturólogo, Alfonso Quiñones, ve necesario “que la cultura se ponga en el centro del interés del Estado dominicano y para eso hay que dedicar dinero”.
El Proyecto de Ley de Presupuesto General del Estado 2026 asignó al Ministerio de Cultura RD$4,419,749,461, distribuidos en programas de conservación, restauración y salvaguarda del patrimonio cultural material e inmaterial; difusión cultural a través de bibliotecas, museos y archivos; y fomento, difusión y desarrollo de la cultura en sus diversas expresiones.
Esta cifra representa aproximadamente el 0,24% respecto al Presupuesto General del Estado Consolidado y el 0,25% respecto al Presupuesto del Gobierno Central. Mientras que respecto a los 8.659.730 millones del Producto Interno Bruto (PIB) proyectado, representa un 0,051 %.
Aunque no está especificado en alguna ley, los números no llegan ni al 1% que Quiñones considera que se debería destinar del PIB a la cultura.
No obstante, el también secretario del Consejo Nacional de Cultura ha sido testigo de los esfuerzos de algunos para que el ministerio tenga más posibilidades financieras que permitan “hacer proyectos culturales, sobre todo en las comunidades que es donde más falta”. Y entre esas ausencias señala la necesidad de casas de la cultura.
Estudios comunitarios como alternativa
Alex Taylord, activista social del género urbano, tiene un proyecto llamado Los Refuerzos con el que ha acompañado a cientos de jóvenes a grabarse gratuitamente. Lo que empezó con un estudio comunitario en Herrera que luego se trasladó a Los Alcarrizos, hoy es un estudio móvil que tiene detenido en su casa por falta de apoyo.
El experto en música urbana Alejandro Hernández, mejor conocido como Alex Taylord, desde su estudio móvil de grabación.
Este programa de voluntariado, como lo describe, incluye aprender a usar los softwares y técnicas para la grabación y edición. Pero también pretende que sea un espacio de formación integral que incluya otras obras sociales y de servicio, acompañamiento legal para jóvenes no declarados ante alguna oficialía y acompañamiento psicológico para aquellos que vienen de hogares disfuncionales.
Los tendrían el compromiso de mantenerse cursando sus estudios y comportarse como ciudadanos ejemplares para poder jóvenes recibir lo que ofrece el proyecto, ya que la mayoría de ellos tienen una característica en común: son “perfiles de riesgo”.
“Son jóvenes que por el deseo, la necesidad de salir de la pobreza, si no encuentran una salida formal, por decirlo de una manera, lo van a hacer de manera informal”, finaliza el también creador de contenidos.



