La sorpresa y la incredulidad se ha apoderado de una familia en el norte de Tailandia tras reencontrarse con uno de sus miembros al que habían enterrado el pasado 9 de enero. Al parecer, los allegados del hombre de 48 años habrían recibido la noticia de su fallecimiento en Chiang Maib. De esta forma, organizaron un funeral en su ciudad natal Chiang Rai con el cuerpo dentro del ataúd. No obstante, a las dos semanas, el 24 de enero, el hombre apareció inesperadamente en su casa, tal y como ha relatado el diario tailandés. caosod.
Los familiares, conmocionados, no podían comprender cómo el hombre del que habían despedido y al que habían profesado distintos rituales tradicionales se encontraba vivo frente a ellos. Así, tras unos instantes de incredulidad y alegría, buscaron respuestas ante la unidad de rescate de Mae Chan para poder exhumar el cuerpo enterrado y descubrir su verdadera identidad.
Con una rápida actuación, el hombre de 48 años pudo identificar el cuerpo sin vida que yacía dentro del ataque: era un amigo con el que convivía y trabajaba en Chiang Mai. Al parecer, el fallecido llevaba encima el documento de identidad de su compañero en el momento de su muerte. Esta confusión hizo que los rescatistas identificaran erróneamente el cadáver como el del hombre que finalmente regresó a su casa con vida.
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El cuerpo ha sido entregado a sus familiares.
Para llevar a cabo la exhumación del cuerpo, la familia solicitó la intervención de la Fundación Thap Yang Sataranakusol con el fin de agilizar el proceso. Los rescatistas sacaron el cadáver, cambiaron el sudario -manto que se pone sobre el cuerpo de los difuntos cuando son enterrados- y lo colocaron en un nuevo ataúd para transportarlo al hospital. Una vez allí, sus verdaderos allegados recibieron al difunto.
Posteriormente, sus parientes legítimos realizaron las ceremonias religiosas en base a sus creencias. Las comunidades de la etnia akhaa la que pertenecen los afectados, cuentan con economías basadas en la agricultura de subsistencia y presentan condiciones de pobreza. A pesar de ello, poseen una potente riqueza cultural y mantienen creencias animistasen las que el mundo de los espíritus ocupa un lugar central en la vida cotidiana.
En este sentido, la comunidad local se ha mostrado especialmente preocupada, ya que las creencias tradicionales consideran inapropiado traer el cuerpo de una persona ajena a la aldea, como ha ocurrido tras la identificación definitiva del difunto. Ante esto, un medio realizó un ritual espiritual para alejar la desgracia y pedir disculpas a los poderes espirituales respetados por la comunidad.
Por su parte, el padre del hombre que creía muerto, Aryuayde 66 años, ha asegurado que desconoce el motivo por el que el amigo de su hijo tenía en su poder su documento de identificación. Además, tras lo sucedido, el hombre de 48 años tampoco se lo había explicado, según ha comentado para El tailandés.
Otra resurrección administrativa en Tailandia
La identificación de cadáveres en Tailandia depende en primera instancia del documento de identidas, tal y como recoge la Ley de Registro Civil BE 2534. De esta manera, la ausencia de verificación biométrica sistemáticamente aumenta el riesgo de que haya un error documental que derive en una 'resurrección administrativa'.
No obstante, una vez emitió el certificado de funcionla persona afectada se enfrentaría a un complejo proceso para recuperar sus derechos civiles, que requiere pruebas de ADN o testimonio oficial, y que implica la congelación inmediata de cuentas bancarias, según ha informado La Dépêche.
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Así, aunque pueda parecer que este es un hecho aislado, la realidad es que este se añade a la lista de incidentes del país asiático en esta circunstancia. Un suceso similar en enero del año pasado, dejó a un hombre sorprendido cuando llegó a su casa, pues allí vio cómo su familia celebraba su funeral tras una identificación equivocada de la policía.
Igualmente, otra situación previa, expuesta en el Correo de Bangkokotro hombre “vivió durante muchos años en la miseria sin documentos de identidad, privado de los derechos sociales de un ciudadano tailandés” tras haber sido declarado muerto por error administrativo en 1997.



