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FITUR, la “Feria Internacional de Turismo”, se ha convertido en un evento global relevante desde su primera edición en 1981 en Madrid. La República Dominicana ha participado desde el principio, pero nunca con tanto énfasis como ahora. Este espacio se consolida como el escenario en el que el país proyecta su mejor imagen al mundo.
El turismo es la columna vertebral de nuestra economía, generando divisas y empleos. Sin embargo, detrás del brillo de pabellones premiados e inversiones multimillonarias se abre un debate necesario sobre la ética del gasto público y las prioridades de una nación con desafíos estructurales.
La realidad fiscal de la República Dominicana no se alinea con el aparente éxito turístico. La participación en FITUR 2026, aunque se presenta como un hito, contrasta con un endeudamiento público alarmante y la necesidad de reformas fiscales.
Siendo así, el despliegue de una comitiva masiva, financiada con fondos del Estado, genera o debería generar, cuanto menos, interrogantes legítimas. ¿Es justificable transportar a cientos de personas, incluidos funcionarios, influenciadores y medios, en un momento crítico para la ejecución presupuestaria?
La eficiencia no se mide solo por lo que se recauda o se atrae, sino también por la austeridad en la gestión de los recursos que nos pertenecen a todos.
La movilización masiva de líderes de opinión e influenciadores hacia Madrid es un exceso, que plantea un dilema moral y ético a la prensa. Entre la comunicación y la independencia. Cuando el cronista se convierte en invitado, se difumina la línea entre la cobertura informativa y la propaganda institucional, socavando la confianza pública.
La prensa tiene la misión de ser el contrapeso del poder, el ojo crítico que fiscaliza el uso de los recursos; no el hermano que cuida el poder y lo acompaña a ir de copas en una noche de marcha por Madrid, usando una expresión coloquial española.
Este fenómeno no solo afecta la percepción de transparencia, sino que alimenta una narrativa de «unanimidad» que ignora los costos de oportunidad que este gasto representaría para otras áreas vitales del Estado dominicano.
La institucionalidad languidece frente al personalismo de una cartera destinada a la construcción de un proyecto presidencialista. Esto, más que obvio, resulta imprudente.
En la cultura política contemporánea, existe una tendencia peligrosa a confundir los logros institucionales con méritos personales. En el contexto de FITUR, el sector turístico parece ser la única gestión eficiente que el Gobierno puede exhibir. Sin embargo, la promoción excesiva de un destino en torno a una figura específica desvirtúa la política de Estado.
Es legítimo que un funcionario destaque sus logros. Sin embargo, el uso de recursos públicos para construir un liderazgo personal y proyecto político futuro corrompe la misión de servicio público.
El actual ministro de Turismo ha negado tener ambiciones presidenciales. Pero, aunque para cualquier lector amable resulte complejo dar con la fuente, todavía se pueden encontrar reseñas periodísticas, de fecha 9 de junio de 2023 y material audiovisual, del acto multitudinario donde el ministro David Collado se presenta como el candidato ideal para dar seguimiento al gobierno de Luis Abinader, en 2028-2032.
Las herramientas digitales posicionan proyectos, amplifican y ocultan mensajes calculadamente, pero también exponen incoherencias entre discurso y acción. El resultado, ya lo hemos dicho, es el exterminio de la confianza pública.
A pesar de no pronunciarse en relación a sus intenciones presidenciales, ni de haber relanzado oficialmente su campaña, varios estudios de opinión sitúan a Collado como un favorito entre los posibles sucesores de Luis Abinader. Aunque, leyéndolo entre líneas, eso será “por el momento”, “mientras ocupan su carga actual”.
En medio de la indefinición, se reportan movimientos de promoción “orgánicas” en torno a su figura y estructuras externas en todo el territorio nacional.
Esta estrategia, que postergaría cualquier definición electoral hasta finalizar su mandato en 2026, es hábil, pero plantea interrogantes sobre el uso de recursos públicos para construir liderazgos personales.
El éxito del turismo dominicano debería verse como un logro nacional y no como el capital político de una sola figura. Cualquier gestión debe trascender nombres propios y periodos electorales.
Pero todos sabemos que se trata de una ambiciosa agenda de promoción internacional en Europa, que posiciona cómodamente en el imaginario colectivo del dominicano, a una figura con su propio séquito y pequeño reinado a gran escala.
Apostar por una promoción turística ética y transparente no es cuestionable. Lo que se cuestiona es el modelo de participación.
Nadie cuestiona que la República Dominicana debía estar en FITUR. Los espacios vacíos se ocupan. La competencia global es feroz y el país debe defender su cuota de mercado.
La gestión moderna y responsable a la que debería aspirar la República Dominicana, sin embargo, habría de incorporar el criterio de una diplomacia turística de la sobriedad.
El impacto de un destino o la suma de todas nuestras y sus resultados no dependen de cuántas personas integren una delegación de acciones. Sobre todo, si es una que viaja a España durante una cantidad significativa de días para participar en actividades de esparcimiento cultural, gastronómico y de placer imaginables.
En última instancia, el impacto turístico de la República Dominicana dependerá de la calidad de su oferta y la seguridad jurídica que brinde a los inversores. El derroche en la competencia por el mejor stand no garantiza el éxito. Guatemala, por su parte, ha demostrado que la elegancia, la belleza ancestral y la cultura como identidad pueden triunfar.
FITUR es un espacio valioso que debe gestionarse con responsabilidad y transparencia. Para que sea exitoso el país debería poder rendir cuentas.
Conociendo, por declaraciones del ministro de Turismo, que actualmente se gasta la mitad que en otras gestiones, esto es un gasto aproximado de RD$40.8 millones en 2025, para conseguir US$6,750 millones.
Desafortunadamente, aún no se ha presentado un desglose público de los fondos invertidos en 2026, lo que limita el sentido de pertenencias ante los logros en turismo. Pero esto lo dejamos a la presunción de buena fe que tenemos en el Gobierno dominicano.
El éxito debería ir de la mano de delegaciones técnicas reducidas y con el acompañamiento prudente de la prensa, permitiendo, sobre todo, que el sector privado asuma su propio protagonismo y costo de promoción.
Los logros en turismo deben ser conquistas nacionales y no el capital político de un individuo.
Esta es una de las tantas maneras respetuosas de gestionar el retorno seguro de la inversión en FITUR. De lo contrario, solo unos pocos seguirán disfrutando de sus mieles, y contados los españoles encantados de recibirnos en manada cada año, ocupando sus hoteles y alimentando los exquisitos paladares dominicanos.
Eso sí, nuestros paladares son los más exigentes cuando es otro quien paga.
Sobre la autora
La autora es consultora política, experta en imagen pública y manejo de crisis. Abogada internacionalista y analista de temas globales. Miembro de la Academia Dominicana de la Lengua y conferenciante. Especializada en Alta Dirección del Estado. Productora y conductora del pódcast «Omisiones Calculadas», CEO de consultora Estudio M. Defensora del contenido de valor y de una comunicación estratégica, ética y con propósito en medios digitales.
Por marjorie félix



