Leer resumen de la noticia (IA) HAGA CLIC AQUÍ
Analizando noticia… por favor espera.
En el célebre cuento de Hans Christian Andersen, dos estafadores engañan a un emperador vanidoso prometiéndole un traje hecho con una tela mágica: decían que era invisible para los tontos o para quienes no merecían su carga. El emperador, que no quería parecer inepto, fingio ver la tela, se «vistió» con la nada y salió a desfilar. Sus ministros y el pueblo, por miedo a ser juzgados, aplaudieron el traje hasta que la inocencia de un niño rompió el silencio: «¡El rey está desnudo!».
Esa misma fábula se vivió en el ITLA. Durante meses, la gestión de Rafael Féliz García se nos vendió como ese traje mágico, tejido con las «telas invisibles» de la eficiencia y el relevo generacional, hasta que un reportaje de Nuria Piera, emulando aquel niño, levantó el velo, revelando una gestión que, éticamente, estaba desnuda.
Es un duro golpe porque el ITLA no es una oficina cualquiera; es la joya de la corona para el futuro. En un mundo donde la economía global gira en torno a la Inteligencia Artificial, la robótica y el desarrollo de software, esta institución es el único puente que tiene nuestra juventud para insertarse en los desafíos del siglo XXI. El ITLA representa la promesa de que un joven talentoso, sin importar su origen, pueda transformar su vida a través de la tecnología.
Por eso duelo. Porque en lugar de potenciarlo para competir con el mundo, lo que presuntamente se instaló fue un sistema de recaudación política: cobrar salarios salariales a los empleados bajo amenaza de despido. Se cambió la innovación por la extorsión.
Para el presidente Abinader, el camino ha sido difícil en este segundo período de gobierno, el caso Senasa, los señalamientos en el Banco Agrícola y ahora este. Sin embargo, hay una matiz importante: la intolerancia. Lo ocurrido con casos anteriores y el Decreto 39-26 demuestran que, a diferencia del pasado donde reinaba el silencio cómplice, hoy la respuesta es la destitución inmediata y pasarle el balón al Ministerio Público.
En el plano legal, el asunto es serio. Los hechos denunciados encajan en tipos penales previstos en nuestro Código Penal:
1. Concusión (Art. 174): el delito del funcionario que exige dinero no debido. Se castiga con la pena de reclusión de dos a cinco años y multas.
2. Abuso de Autoridad (Art. 184): por tentar contra la libertad y derechos de los ciudadanos, castigado con prisión y la posible inhabilitación para cargos públicos.
3. Todo bajo la sombrilla del Artículo 146 de la Constitución, que proscribe la corrupción y ordena sancionar a quien obtenga beneficio económico de su carga.
Ahora bien, el objetivo no debe ser simplemente presentar reportajes y casos penales para el morbo social. La sociedad exige que el Ministerio Público investigue la realidad de estos hechos para que se apliquen los correctivos de lugar, para que esto no vuelva a ocurrir. Debemos proteger al ITLA para que siga siendo el faro de la juventud, y no un escenario para emperadores que desfilan sin moralidad.
Por: Miguel Valdemar Díaz.



