Asistimos a la sala al aire libre de Nova Teatro, sede de la Fundación de Teatro Cucaramácara para ver, como parte de la programación del 16º Festival Internacional para la Infancia y la Juventud (FITIJ), a la reconocida y multipremiada compañía cubana Teatro La Proa con el entusiasmo de una niña grande que ama los títulos y que en sus tiempos de disfrute laboral actúa, dirige, escribe y titiritea.
Desde La Habana llega esta prestigiosa agrupación teatral, cuya labor abarca la creación, difusión y docencia de teatro para la infancia y la juventud, centrada primordialmente en el teatro de títeres. Teatro La Proa pertenece al Consejo Nacional de las Artes Escénicas de su país e incluye en sus espectáculos una variedad de técnicas titiriteras.
En “Érase una vez un pato” el espacio escénico inicial es minimalista: una mesa cubierta de tela negra, detrás de la cual hay un árbol, también de tela, que es pura poesía con sus formas estilizadas en una bella síntesis de tronco, hojas y ramas. No hace falta más. Al aparecer los vivaces intérpretes la escena se va llenando de color, de acción, de música y humor, propiciando el pleno deleite del público familiar asistente.
En el programa del FITIJ encontramos la sinopsis dramatúrgica y una pincelada de la propuesta escénica del célebre grupo caribeño: "Un pato inconforme con su naturaleza sueña con convertirse en rey. Para lograrlo, recurre al engaño y roba partes del cuerpo de otras aves creyendo que alcanzará la grandeza. Pero la ambición lo lleva a perder más de lo que imagina: un amor y aquello que realmente tiene valor. A través del teatro de títulos, la obra explora el egoísmo, la superficialidad, la autenticidad y la importancia de la autoaceptación”.
La trama gira en torno a la existencia de una extraña y peligrosa ave que impulsa al titiritero Gatillo a seducir a sus amigos el Guardabosque y la Bióloga para que le ayuden a interpretar la historia de un Pato vanidoso y frívolo que intenta convertirse en rey, pero cuya inconformidad con su apariencia le lleva a cometer actos detestables hacia sus semejantes. Al final, su accionar le acarreará consecuencias inesperadas.
La estética visual del espectáculo es encantadora. La creatividad y la experticia del maestro Arneldy Cejas nos regalan un escenario rural que no excluye el agua como elemento vital para los personajes, complementándose con vestuarios coloridos, pero de tonalidades tenues que no compiten sino que aportan al conjunto cromático. Los títulos, vistosos, con gran movilidad y partes desarmables, dan cuenta de un trabajo artesanal riguroso e ingenioso que aporta magia y ritmo a la historia.
Desde el punto de vista interpretativo, las actuaciones de Erduyn Maza Morgado, Marybel García Garzón y Arneldy Cejas son sobresalientes. Los tres artistas escénicos demuestran un dominio técnico y expresivo que permite dotar de vida y personalidad a los títulos, logrando una conexión orgánica entre actor y figura. En sus manos, los muñecos inanimados que llegan en un gran bolso cobran vida: saltan, nadan, vuelan, caminan, hablan, encantan. La gestualidad, el ritmo y la modulación vocal al hablar o cantar se conjugan para sostener la tensión dramática y la comicidad, elementos que se equilibran adecuadamente en la puesta en escena.
La integración e interacción entre los actores y las marionetas no solo evidencia destreza, sino también una vasta experiencia en este campo sumada a la madurez de una puesta en escena que cuenta con cientos de funciones en variados escenarios y festivales de su país y de muchos países del mundo.
La banda sonora y musicalización, creada por Aliesky Pérez y Mayito Gutiérrez, es otro de los aciertos del espectáculo. Las canciones, fragmentos musicales y otras sonoridades no solo acompañan la acción, sino que la enriquecen, aportando dinamismo y subrayando el tono humorístico y reflexivo de la obra. Este componente, lejos de ser accesorio, se integra de manera orgánica en la dramaturgia, generando momentos de gran atractivo escénico.
La premisa de la puesta de esta rocambolesca historia del pato inconforme que sueña con convertirse en rey y recurre al engaño para alcanzar lo que él percibe como grandeza funciona como una alegoría contemporánea sobre la ambición desmedida y sus consecuencias. El personaje principal, por su baja estimación y alta envidia, en su afán por apropiarse de atributos de otros, termina perdiendo aquello que realmente tiene valor: la posibilidad de ser amado y de aceptarse a sí mismo.
El plan de convertirse en alguien de extraordinario poder y belleza le lleva a transformarse en un Frankenstein extraño y torpe que alimenta al saurio justiciero.
La estética visual del espectáculo es encantadora.
En su aparente sencillez, esta trama siembra una semimillita de lucidez en la conciencia colectiva. De la misma manera que una gelatina puede guardar una aspirina en su interior, el cuento del pato presumido y prepotente es un medio idóneo para cuestionar la lógica del poder y la obsesión perenne del ser humano por las apariencias.
Como el Fausto de Goethe, en su afán de alcanzar sus objetivos, el Pato daña a otros, pierde su esencia y se vuelve un monstruo, emparentándose con problemáticas que, aunque presentadas en clave infantil, dialogan con realidades sociales más amplias. William Fuentes recibe los lauros dramatúrgicos de la obra original aunque Erduyn Masa se encarga de la versión para la escena que presenciamos.
La dirección acertada de Arneldy Cejas logra que “Érase una vez un pato” sea una propuesta escénica que conjuga calidad artística, pertinencia temática y atractivo visual. Su montaje equilibra el humor y la reflexión, al confiar en la claridad de las acciones, evitando mensajes moralizantes.
Esta pieza de su repertorio variado reafirma el compromiso de Teatro La Proa con un teatro de títulos que no se limita a entretener, sino que educa y provoca reflexión en grandes y chicos. La obra se inscribe en la línea de espectáculos que, mediante el humor y la fantasía, invitan a reconsiderar valores esenciales como la autenticidad y la solidaridad, consolidando así su relevancia en el panorama mundial del teatro para niños, especialmente en el ámbito iberoamericano.
Teatro La Proa
Es una destacada compañía cubana especializada en teatro de títulos. Su trayectoria se inicia en 2003 en el Centro de Teatro de La Habana. Su estilo es artesanal y creativo en la construcción de las figuras animadas y sus espectáculos combinan tradición y contemporaneidad.
Bajo la dirección de Erduyn Maza Morgado y Arneldy Cejas Herrera, el grupo también desarrolla una importante labor pedagógica y participa activamente en programas de televisión infantil.
Ficha Técnica y Artística
Dirección: Arneldy Cejas
Actuación: Erduyn Maza Morgado, Marybel García y Arneldy Cejas
Dramaturgia: Erduyn Maza, con textos de Jesús del Castillo, René Fernández y Juan Ramón Jiménez
Diseño de vestuario, escenografía y figuras: Arneldy Cejas
Musicalización: Aliesky Pérez y Mayito Gutiérrez
Producción: Beatriz Eiris.
Asesoría teatral: Ámbar Carralero Díaz



