La capacidad de soñar incluso cuando aparece el miedo y de avanzar aun cuando el camino no está del todo claro definen a muchos jóvenes dominicanos.
Angélica Farías es una de ellos, una joven que decidió creer en sí misma, Transforma su pasión en propósito y convierte el arte en una herramienta de impacto social y formación humana.
La historia de Angélica con la danza comenzó cuando apenas tenía tres años. No fue una decisión racional ni un plan estructurado, fue una intuición temprana, casi natural.
“Desde muy pequeña supe que quería ser bailarina”, recuerda con una sonrisa que mezcla nostalgia y orgullo. A esa edad, cuando muchos niños apenas exploraban el mundo, ella ya se encontraba en el movimiento una forma de expresión.



