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El 3 de enero del 2026, asistimos a la puesta en escena de lo que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, llamó; “una operación fantástica”, se trató de la irrupción en el espacio aéreo venezolano por militares norteamericanos y el arresto del entonces presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. El hecho constituye una agresión territorial, aunque todos guardan silencio por tratarse de una dictatura.
Para muchos, es correcto que el presidente de Estados Unidos haya realizado esa operación, porque significa un camino hacia la libertad de un pueblo que ha vivido en la opresión y en un modelo político equivocado. Se piensa que el control político por parte de Estados Unidos es un mal menor que la dictadura, al menos el silencio de la comunidad internacional respalda esa teoría, aunque sin fecha realmente definida para esa anhelada libertad.
La presidenta encargada del gobierno, Delcy Rodríguez habla de Soberanía Nacional en voz baja y con rostro despavorido. Ella sabe que estar bajo la tutela de Washington, y su colaboración sin precedentes en la historia política contemporánea, es un hecho distante al concepto de soberanía del Estado. Atrás queda el estruendoso discurso cargado de retórica contra el imperialismo, narrativa que en nombre del socialismo logró instalarse en la memoria colectiva durante el surgimiento de Hugo Chávez.
Aquella existencia de un enemigo peligroso, llamado Estados Unidos, que intentaba socavar la soberanía de Venezuela, la integridad territorial, el Estado de Derecho, para adueñarse del petróleo se queda estrictamente en el imaginario colectivo. Si esa narrativa es cierta, entonces los venezolanos se defenderán en cualquier terreno y en cualquier momento, si es mentira, también sabrán actuar a la altura de las circunstancias.
Ni la comunidad internacional, ni los líderes de la oposición, como María Corina Machado y Henrique Capriles, hablan de Soberanía del Estado e integridad territorial, tampoco lo hace el pueblo, quizás por el hartazgo de una dictadura que llevó a muchos a la pobreza, al exilio político, a la cárcel y en el peor de los casos a la muerte. Por tanto, la soberanía del Estado es un principio que muchos intentan eludir ante la realidad actual, a sabiendas que, en palabras de Donald Trump, él manda en Venezuela.
Muchos preguntan: ¿Qué significado tiene ahora hablar de una transición hacia la democracia? Particularmente, los venezolanos esperan, en primer término, la liberación plena de todos los presos políticos, la recuperación del derecho a la libertad de expresión. Se recuerda que más de doscientas emisoras fueron cerradas por el régimen al emitir opiniones contrarias al gobierno.
Por otro lado, los venezolanos esperan la normalidad económica, donde su petróleo le sirva para cubrir al menos el consumo de la canasta básica de las familias. Esperan transparencia y rendición de cuentas por parte del gobierno, como señales inequívocas de un avance en el proceso que conduciría hacia la democratización y en eso el gobierno de Donal Trump parece estar claro.
El periodista y escritor Jaime Bayly, en su programa de YouTube, que lleva su mismo nombre, se refiere a la señora Delcy Rodríguez como “la primera presidente dictadora en América Latina y el caribe, que se doblegó frente a Washington para no correr la misma suerte que Nicolás Maduro, y que ante esa obediencia el presidente de los Estados Unidos ahora la considera fantástica, ante era un objetivo, hasta el punto que la amenaza es de todo conocida”. Sin embargo, otros piensan que el gobierno de los Estados Unidos solo le interesa la administración del petróleo, y si es así ya lo logró.
Pero más allá de Washington, si Delcy no hace el debido proceso de transición democrática, la historia se encargará de colocarla junto a su predecesor y compañero político, quien está siendo juzgado en Estados Unidos. Ella sabe de manera personal que su única salida es la liberación del bravo pueblo venezolano. Su tarea inmediata es ser vehículo para la transición de un cambio de modelo político, donde impere la libertad en el amplio sentido de la palabra, como mecanismo para la convivencia pacífica.
Ella tiene que establecer mínimos de garantías y confianza, aunque se sabe que los ojos de Washington están encima de ella, contradiciendo el principio de soberanía del Estado. Todo apunta que tanto, el pueblo venezolano y la oposición política, legitiman lo ocurrido con la captura de Nicolás Maduro. Si es así, entonces los venezolanos están autodeterminando que la injerencia de Estados Unidos es un mal menor que la dictadura, refrendado por el silencio de la comunidad internacional.
La señora Delcy Rodríguez, tiene que promover un cambio en las autoridades que conforman el Consejo Electoral de Venezuela y la Suprema Corte de Justicia, para que se pueda efectuar un torneo electoral confiable y el resultado sea el respeto a la soberanía popular, expresada a través del voto en las urnas. Para la señora Rodríguez esto tiene que ver con enfrentar compañeros de sus propias filas partidarias.
Lo que está en juego en Venezuela es la sobrevivencia de los herederos de Simón Bolívar, el regreso de más de 8 millones de venezolanos exiliados, el restablecimiento de los medios de comunicación, de la economía, el respeto al marco jurídico, a la institucionalidad, a la gobernabilidad, a la gobernanza y como objetivo final la anhelada democracia.
La autora es politóloga y analista financiera, exvicepresidente de Operaciones de Bandex, también, exgerente de Planificación y Presupuesto de la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos.
Correo: Jeovannypc@gmail.com/ Cuenta de x: @Jeovannypc
POR: JEOVANNY E. PÉREZ CORCINO



