romaníes tiene una manera peculiar de guardar los secretos: no los esconde, los deja flotante.
Se quedan suspendidos en el aire tibio de sus patiosen la piedra gastada de sus escaleras, en el murmullo de los jardines donde la historia No se anuncia, pero respira.
Fue allí —en el corazón mismo del Vaticano— donde comenzó para mí una de esas historias que no se olvidan, porque no pertenecen del todo al pasado.
A mediados de 2014una crisis — felizmente superada— amenazó con estallar en torno a la dirección de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra.
Una solicitud del rector, monseñor Agripino Núñez Colladoprocedí a realizar gestiones con figuras importantes de la Santa Sede.
Tuve la encomienda incluso de conversar con el papa emérito Benedicto XVIpero cuando me concedió la audienciael problema de la PUCMM ya estaba en vías de solución.
De modo que hablamos de otros temas importantes.
Antecedentes
El 3 de abril de 2009, cuando presenté mis cartas credenciales apuesta inicial Benedicto XVIrecibí un discurso impreso que, en aquel momento, tenía la serenidad Delaware lo evidente.
No era la ONU mensaje político, ni una advertencia diplomática. Era algo más antiguo: una afirmación.
Allí, en el lenguaje preciso de un teólogo que sabía medir cada palabra, el Papá habló del respeto a la vida humana desde su inicio hasta su fin natural, y de la familia fundada sobre el matrimonio entre hombre y mujer.
No era una consigna. Era una convicción. Una línea trazada con la claridad de quien no hay negociación con lo esencial.
En aquel momento, el mundo aún parecía ordenado en compartimentos: la político por un lado, la fe por otro.
Pero esa separacióncomo tantas otras ilusiones de nuestro tiempoya comenzaba a resquebrajarse.
Pasaron los años.
Y fue a mediados de 2014en una conversar que duro casi una hora en su residencia dentro de los jardines vaticanos, donde aquella doctrina adquirido un tono distinto: más grave, mas humanomás preocupado.
Benedicto XVI ya no era el pontífice reinante, sino el Papá emérito.
Había dejado el pesos visibles del poderpero no la lucidez ni la inquietud.
Hablaba con la serenidad de quien ya no tiene que persuadir, pero tampoco puede dejar de anunciar.
En un momento de la conversarrefiriéndose a la situación de la republica dominicanamencionó algo que me quedó grabado con la precisión de las frases que no se pronuncian en vano: era "muy grave".
No levantó la voz. No dramatizó. No era necesario hacerlo.
Se refería al propósito —así lo entendía él — de promover en nuestro país políticas vinculadas al aborto y al llamado "matrimonio" homosexual, en el contexto de la acción diplomática de los Estados Unidos durante la administración de Barack Obama, y particularmente del activismo del entonces embajador James Brewster.
No era un análisis geopolítico en el sentido clásico. Era otra cosa.
Era la percepción de que el mundo habia entrado en una nueva fasedonde los valores ya no se discuten solamente en parlamentos o universidades, sino que viajan con la diplomaciase filtran en acuerdos y se proyectan como parte de una influencia que no siempre se presenta como imposición, pero que actúa como tal.
En ese momento comprendí algo que con los años se ha vuelto más evidente: que el poder contemporáneo no siempre avanza estafa ruidosino con persistencia.
Que no necesita ocupar territorios, porque le basta con transformar las conciencias.
Y que, en ese proceso, países como la republica dominicana —con su historiasu identidad y sus tensiones internas—se convierten en escenarios donde se cruzan fuerzas que vienen de lejos.
Lo que expresó Benedicto XVI Aquella mañana no fue una acusación en términos políticos formales.
Fue una preocupación.
Pero hay preocupaciones que, cuando provienen de ciertas voces, tienen un peso que trasciende la anécdota.
Porque no hablaba un hombre cualquiera.
Hablaba quien había reflexionado durante décadas sobre la relación entre verdad y poderentre fe y modernidad, entre la libertad y sus límites.
Y hablaba, además, desde el silencio de quien ya no tenía necesidad de convencer al mundo.
Hoy, cuando las discusiones sobre cultura, valores y soberanía Parecen más intensas que nunca, aquella conversar adquiere un significado distinto.
No como prueba de una conspiración, sino como testimonio de una percepción: la de que el mundo ya no es neutral en materia de principios.
que hay corrientes que empujan.
que hay resistencias que se mantienen.
Y que, en medio de todo eso, la historia continúa avanzando, no siempre en línea recta, sino en esa forma sinuosa que solo se entiende con el tiempo.
Quizás por eso romaníes ninguna revelación sus secretos de inmediato
los deja madurar. los deja respirarse.
Y solo mucho después —cuando el ruido ha bajado y las pasiones se han enfriado— permite que se comprendan en su verdadera dimensión.
Porque al final, más allá de los nombresde los gobiernos y de las coyunturas, lo que permanece es la pregunta que atraviesa todas las épocas: hasta dónde puede llegar el poder… y hasta dónde está dispuesto el hombre a resistirlo.
y en ese equilibrio —siempre frágilsiempre disputado—se sigue escribiendo, en silenciola historia del mundo.


