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Este martes 3 de febrero fue un día memorable para nuestra familia. Mi prima, casi sobrina, Lisbet Soto Rodríguez presentó su sustentación de tesis para obtener el título de doctora en Medicina, uno de los oficios más nobles que existen.
A Lisbet la vi pequeña es una mujer inteligente, capaz, amorosa, familiar y determinada. De pequeña, algunos la calificaban de “ñoña”, pero los años han demostrado que es una persona sensible. La palabra sensible la acuño desde la grandeza, ser sensible ante el dolor, la perdida ajena es lo que nos hace humanos: supo elegir este oficio porque para ser médico/a se necesita un alto grado de sensibilidad.
Sensibilidad por su familia, por los más vulnerables…
A Lisbet la vi crecer, desarrollarse hasta convertirse en la mujer que es hoy. La considero ejemplo de disciplina, perseverancia y constancia.
Este martes celebramos a esta mujer que se desarrollará en este camino hermoso de la medicina.
Este miércoles dedico estas líneas al esfuerzo de la doctora Lisbet Soto Rodríguez. Aprovecho para destacar el trabajo realizado por sus padres, en especial de mi tía-comadre Liza, una mujer resiliente, amorosa, virtuosa, una madre excepcional. El logro de Lisbet se debe a muchos factores; el principal: Dios. Luego de Él, la labor, el apoyo y la presencia de sus progenitores y su familia.
Como familia, celebramos no solo un título, sino una vocación que nace del amor y del servicio. Hoy nos sentimos orgullosos, agradecidos y esperanzados, porque sabemos que en las manos y el corazón de Lisbet habrá alivio, humanidad y entrega. Este logro es suyo, pero la alegría es de todos.
Por Evelin Peguero
Periodista de profesión de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), mujer, madre y estudiante de Sociología.
@evelinpolin


